En relaciones públicas, el tema de la influencia es vital sobre todo con el auge de las comunicaciones digitales. El gran cambio, a partir de los foros y evolución a redes sociales, es que ese poder cambio repentinamente de unos pocos en medios masivos, a varios diseminados en nichos. Sin embargo, el tema de motivar, probar, examinar, comprar una marca, siempre ha estado en las calles. La pregunta es ¿es existe alguna forma de clasificarlo?
El New York Times compartió algunos hallazgos sobre por qué sus usuarios estarían compartiendo o reenviando artículos, derivados de un estudio de la Universidad de Pensilvania.
Bajo este contexto, Ogilvy 360 Digital publicó una reinterpretación de las 6 Armas de Influencia, un análisis original de Robert Cialdini, cuya obra “Influence: The Psychology of Persuasion” se convirtiera en un hito de las relaciones públicas y que ha sido continuado en un par de libros más.
El nuevo cuadro, Drivers of Influence, hace sentido con uno de los detalles más preocupantes entre agencias digitales (y quienes hacen cosas digitales): ¿qué mueve a alguien a compartir algo? Cuando hablamos de “intentos de viral”, lo esencial a cubrir es el detonador o catalizador de la viralidad. También pasa en el branding cuando nos preguntamos si es más importante encontrar un diferenciador que el público considere desligado de las propiedades del producto (filosofía, hábito, estilo de vida), o si es necesario que hable sobre ellas (calidad y atributo).




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