Si hay algo que me molesta, es leer notas en donde la responsabilidad de los males de la sociedad recae en la mercadotecnia. Digo, no me enoja, ni enfurezco ni hago mayor “pancho”, pero resulta incómodo. Me imagino que cualquier abogado, médico, profesor se sentiría igual al ver que su profesión es satanizada, en ocasiones, provocado únicamente por unas cuantas personas con falta de ética.

El sentimiento empeora cuando la satanización solo sirve para el propósito de encontrar rápidamente a un responsable, algo para liberarse de un problema que le atañe a la sociedad y usarlo como escudo cuando éste nos rebasa. Las drogas y alcohol son problemas de este tipo. La sociedad es responsable por consumo, por producción, por regulación y por mala utilización (tanto de los productos, como de su operación, como de sus ganancias).
Esta es la introducción de una nota publicada en El Sol de San Luis, referente al incremento en el uso de drogas por parte de los jóvenes mexicanos, citando frases dichas por el Fernando Toranzo Fernández, Secretario de Salud del Estado mencionado:
El aumento en el consumo de drogas entre los jóvenes es producto de la moda, la mercadotecnia y la globalización.
Desde aquí vamos mal, en serio. Suena fácil y una buena parte de la sociedad asume que así, en automático. Sin embargo, hay una analogía que explica a la perfección el por qué la mercadotecnia, comprendida como una serie de procesos necesarios para la comercialización de bienes y servicios, no puede ser considerada como “candidata”. Es simple, en ningún país del mundo se puede acusar a una pistola por el asesinato de alguien. Se acusa y se enjuicia al pistolero.
Pero algo contradictorio y hasta irónico aparece en los siguientes párrafos de la nota. Las negritas son mías:
El Estado hace la parte que le corresponde para abatir el problema emitiendo boletines y llamando a la sociedad a que se entere de los riesgos de las adicciones, pero no puede cuidar los actos personales de cada quien.
El secretario de Salud Fernando Toranzo Fernández aseguró lo anterior, y añadió que la responsabilidad principal recae en las familias en cuyo seno empieza la educación; “nosotros no podemos cuidar las conductas individuales de las personas porque cada quien es responsable de sus actos”.
Esta es la parte medular del asunto. La mercadotecnia y la publicidad, como se ha comenzado a aceptar, intervienen fuertemente también en los mensajes de conocimiento, prevención y acción de programas de “bien público”. Gracias a ellas sabemos el qué, cuándo, por qué de las campañas de donación de la Cruz Roja y de sus mismas colectas. Hoy en día trascienden en otros ámbitos que no las reconocían (aunque sí, disfrazadas en el término “propaganda”) como la política.

Hasta las pistolas, símbolo irremediablemente relacionado con lo bélico, carecen de culpabilidad por sí mismas. La culpabilidad la adquiere quien la usa y para el fin con que la usa. Con la mercadotecnia ocurre lo mismo. No se puede culpar a la herramienta, sino al que la emplea y cómo la emplea. Hay mucha mercadotecnia aplicada con ética allá afuera.
A veces olvidamos que la mercadotecnia nace con la finalidad de facilitar satisfactores de necesidades; físicas y psicológicas; conocidas y desconocidas; legítimas y fomentadas… También nos olvidamos del “otro papel” que la mercadotecnia y la publicidad juegan en la sociedad más allá de la generación de empleos y catalizador de las actividades económicas. Valdría la pena darle un vistazo a categorías como esta en este blog, lo que hemos publicado en Flickr sobre Mercadotecnia Social, o ver otros blogs que hablan específicamente de estas aplicaciones.
Enlace: “Globalización, mercadotecnia y moda incrementan el consumo de drogas”.



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